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Se ha retirado el aviso de «Para mayores de 18 años» debido a problemas al cargar el blog.
No obstante, la temática de éste sigue siendo la misma, por lo tanto, el aviso es válido.
Algunos de los escritos aquí publicados contienen escenas de carácter sexual y vocabulario
para adultos, por ello, si no tienes más de 18 de años y/o el contenido te parece ofensivo,
“No Siga”.

Todos los personajes son ficticios, así como, nombres y lugares.
Cualquier semejanza con hechos o personas reales es coincidencia.

Todo lo aquí publicado es fruto de la imaginación de la autora, siendo puramente fantasía,
y carente de cualquier aspecto ideológico.

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21 febrero 2011

¡¡PROYECTO DE ADICTOS A LA ESCRITURA: ESPECIAL SAN VALENTÍN!!

(En entradas anteriores relato Concurso El Bien y el Mal y nuevo capítulo de Pecado Original. Aun queda tiempo, corre y participa en el 2º Concurso de Relatos del Blog, AQUI)


Hola querid@s...

Os traigo hoy mi relato para el Proyecto de Adictos a la Escritura del mes de febrero.Está dedicado al día de San Valentín que hemos pasado hace poco.

Mi relato no es romántico, dulce o empalagoso... me encantan esa clase de relatos, pero en esta ocasión he querido traer una historia de amor propio y determinación... ¿acaso no tenemos todos el derecho a amarnos a nosotros mismos?

Espero que lo disfrutéis tanto como lo hice yo al escribirlo.

Y sí aun no os habéis unido al Grupo de Adictos, espero que salgáis corriendo a hacerlo:D

A leer, soñar, disfrutar y comentar que os ha parecido....

PD: Laura, ¡no me he pasado del límite impuesto! Jajaja:D






    Carolina llevaba media hora de pie bajo la llovizna mirando hacia el edificio acristalado que tenía delante. “Juzgados Nº 23”, eso ponía en grandes letras plateadas el letrero que llevaba observando como si fuera un misterio por resolver.
    Estaba empapada, helada y cansada, pero sobre todo, desolada.
    ¿Como había llegado hasta allí? ¿en que punto entre los diecisiete y los treinta años con los que contaba ahora, había perdido el sentido común? Esa y otras preguntas puede que careciesen de sentido en otra situación, pero sentido común era lo único que habría necesitado tener para darse cuenta del pedazo de imbécil del que se había enamorado.
    Antón había aparecido en su vida un catorce de febrero de hacían trece años. ¡Trece años!, y nunca se había dado cuenta de lo que era en realidad.
    “El amor es ciego...”, sí, y sordo, y mudo, y gilipollas, sobre todo lo último.
    Cuando Carolina aceptó salir con Antón, lo hizo sin pensarlo apenas; un chico guapísimo, inteligente, el más deseado del instituto, y en pleno día de San Valentín la invitaba a ella a salir. ¿Qué podría haber echo? Sus amigas la miraban con admiración por primera vez en su larga y extensa vida de gafas de pasta y ortodoncias. Hacía poco se había puesto lentillas y lucía una sonrisa Colgate envidiable, así que se merecía que el chico más guapo que conocía se fijase en ella.
    Y así siguió durante cuatro años de noviazgo, dos años prometidos, y desde el catorce de febrero de hacían siete años cuando al fin se daban el “sí, quiero” en la catedral de la Almudena.
    A Antón le pareció “romántico” casarse el día de San Valentin, puesto que se habían conocido en esta “señalada” fecha, había pedido su mano, como no, el mismo día unos años más tarde, y también, muy afable de su parte, exactamente un año atrás se dejaba pillar con la vecina en su propia cama.
    Para colmar el romanticismo del siglo, a Antón le habría parecido un detallazado conseguir fijar la vista de su divorcio el maldito catorce de febrero.
    ¡Feliz jodido San Valentín!, masculló entre dientes Carolina cuando decidió que debía entrar o, además de ser el chiste de todos los que la rodeaban, acabaría también por ser la pobre mujer divorciada con el maquillaje escurrido y empapada de los pies a la cabeza.
    Miró una vez más hacia la entrada del metro que estaba en la esquina. Media manzana, pensó. Podría salir corriendo y desaparecer, hacer que el engreído y cabrón de su ex marido tuviera que rogar por los papeles del divorcio. Pero no, aun le quedaba algo de amor propio, no sabía donde lo había metido, pero seguro que estaba allí.
    Mientras se ajustaba las solapas del abrigo y erguía la nariz, para al menos hacer una entrada digna en los juzgados, se acordó de como en el trascurso del ultimo año se había enterado de todas y cada una de las infidelidades de su “querido” Antón. Dios, ¡se había acostado hasta con su propia hermana!. Sí, el amor es una enfermedad, dejemos lo de invidente a la justicia.
    Miró hacia el metro y se aguantó por no echar y correr, y cuando, decidida, dio el primer paso para adentrarse en el edificio, un coche se acercó a toda velocidad deteniéndose en el bordillo como si estuviera en una carrera, pasando sobre un charco de lluvia y, a juzgar por el aroma, algo seguramente muerto, empapando a Carolina desde la coronilla hasta los calcetines.
    El grito quedó estancado en su garganta. Tan solo podía mirar al frente y ver como todos los que estaban allí resguardándose de la lluvia la miraban en shock con la mano sobre la boca, escondiendo las risas por supuesto. No quería siquiera girarse. Si lo hacía, con el humor que tenía, era muy probable que acabara por estrangular al conductor.
    Así que poniendo su mejor sonrisa, se pasó la mano por la cara, apartando el pelo que se había expandido desde su nuca como si la fuerza gravitatoria de la tierra se hubiese concentrado en su cabeza, sacudió los pies, intentando vaciar un poco los zapatos y dio el primer paso, cuando la ultima voz que quería oír en aquel momento la llamó...
    —¡Oh, cuanto lo siento! ¿Te has mojado mucho?
    Cómo decía su madre, “sí algo puede ir a peor, seguro que lo hará”. Carolina tragó las ganas de girarse y gritarle toda clase de improperios que se había dedicado a buscar en internet, pero, aquel amor propio que estaban escondido seguramente en su tobillo, la hizo controlarse.
    Se giró lentamente, pasó la mano por el pelo y sonrió como desde que le habían quitado el aparato no lo hacía.
    —Hola, capullo. Me alegro de saber que sigues tan amable como de costumbre.
    Antón se acercó lentamente y le guiñó un ojo, Carolina controló las arcadas, aun que, pensándolo bien, vomitarle ese traje que seguro se había comprado con el dinero de ella, sería una venganza dulce, o ácida según lo mirase.
    —No te traje rosas y todo eso porque pensé que sería poco ético de mi parte, ya sabes, por el tema del divorcio y todo lo demás —como de costumbre, el sarcasmo de Antón era su marca registrada.
    —Que pena, estaba deseando poder meterte algo por el culo que no fuesen mis tacones. Son de charol, me han costado mucho dinero. Del mio, vamos, dinero que YO gané, y no que me apropié de los demás como algunos que conozco.
    Antón rió a carcajadas.
    —Me gusta esa nueva faceta tuya. Normalmente te callas y te tragas las cosas... te tragas “todo”, no sé si me entiendes... —sí, acabaría por vomitarle encima.
    —Oh, llega de alabanzas, que seguro tienes prisa para poder teñirte el pelo y ponerte el Jess-Extender, ¿aun lo usas verdad? Por supuesto que sí, que tonta yo, como sino podrías sacarle algo de provecho a tu “mini-yo” —joder, de haber sabido que sentaba tan bien hablar así, Carolina lo hubiese echo mucho antes. Hacía mucho no se sentía tan feliz.
    —¡Auch, eso a dolido, nena! Además, no nos engañemos, lo que tengo entre las piernas es lo único de lo que nunca, jamás, podrás quejarte de mi —Antón le miró de los pies a la cabeza, y Carolina quería abofetearse al estar segura de que se había sonrojado. Sí, el muy capullo tenía todos los defectos del mundo, pero “este” no era precisamente uno de ellos. Volvió a sonrojarse y se giró sobre sus talones rápidamente.
    Carolina notó como Antón sonreía a sus espaldas. Siempre le había gustado hacer que se sintiera incomoda.
    —Cariiii —una voz chillona hizo que Carolina volviera a girarse; la puerta del copiloto del coche de Antón estaba abierta, y una pierna de más o menos dos metros de larga y medias negras, se asomaba con un tacón rojo fuego incrustado en el pie—. ¿No podías haber aparcado más cerca? Como eche a perder esos zapatos...
    Carolina se quedó mirando como la rubia tras las piernas, al final se bajaba del Peugeout. Llevaba un vestido negro hasta la mitad del muslo, un abrigo igual de negro que le llegaba hasta las rodillas, aun que, como lo llevaba abierto, su parte delantera parecía un escaparate de globos de helio. Era una mujer de vértigo, y no solo por lo alta que era y los tacones que llevaba, no, realmente era de estas que paraban el transito.
    Por primera vez en el ultimo año Carolina estaba segura que acabaría por llorar delante de Antón. Eso era lo único que había conseguido evitar, pero incluso con todas sus infidelidades, su hermana menor incluida, los engaños y como se había ventilado su dinero, aquello era la gota que colmaba el vaso. ¿Como había podido presentarse en su divorcio acompañado de aquella mujer? ¿acaso no había tenido suficiente con echar a perder toda su vida, y ahora además tenía que humillarla también delante de un montón de desconocidos con diplomas universitarios?   
    Carolina se llevó la mano al pelo e intentó arreglarse algo de su caoba y revuelta melena, mientras deseaba que las lagrimas pasasen desapercibidas por la lluvia que golpea su rostro, y entonces, vio algo que por primera desde el San Valentín de 1997 no había visto: Antón, estaba arrepentido. Sus ojos... había tristeza y vergüenza en ellos. Ni siquiera cuando Carolina le vio desnudo haciendo el amor con otra mujer sobre la colcha que su madre le había dado por regalo de bodas había visto nada parecido. Nunca antes Antón se había mostrado arrepentido por nada, que menos, culpable por hacerla daño.
    La tristeza de Carolina desapareció dando paso a una euforia sin par. Antón por fin se sentía aun que fuera por un instante como ella llevaba un año sintiéndose. Así que sonrió una vez más, recorrió su pelo con la goma que llevaba en la muñeca, se quitó los tacones y salió caminando a saltitos por la acera empapada... dirección a la entrada del metro. Al fin Carolina tenía el San Valentín que se merecía.







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18 Marcados...:

andii* dijo...

me encanta!
pobre anton... (eso le pasa por ser un...¬¬)
por fin carolina gano :D
se lo merecia <3
lo ame!
te leo!

Greys dijo...

Muy lindo el relato! Es algo realmente diferente. Me gusto mucho!

Besos!

Sidel dijo...

Ha sido gracioso, la verdad es que también es importante darte cuenta de cuando el amor no funciona y no es correspondido, hay que quererse a uno mismo y después volver a enamorarse! :)

Laura S.B. dijo...

Debería haberle atropellado un camiñon y esparcido sus tripas encima de la tiparraca de las tetas operadas. Eso sí habría sido una buena venganza :)

Esther dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con el anterior comentario. Gilipollas así deberían morir aplastados por camiones y distintas cosas más. Me ha encantado el relato. Es muy entretenido :)

Déborah F. Muñoz dijo...

menudo cabrón, qué asco de tío! como siempre, un relato maravilloso!

Iris dijo...

Me encantó el relato. El amor es ciego y todas esas cosas que dices, pero no podemos pasar sin él!!

Feliz semana

Denisse Cardona dijo...

ese Antón es un estúpido jaja, me encantó, me hizo reir mucho, te felicito..muchos besos..te sigo y te afilié

Lunalula dijo...

Esta genial la historia Karol! Los personajes y todo lo que ocurre esta de pelos, me encanto!

lauriii!!! dijo...

es un relato bastante diferente a lo que se acostumbra leer por san valentin!!!peo niña...lo amE!!!! encerio fue increible!!!esotes!

Maga de Lioncourt dijo...

Ay, Karol, cuánto amor despertaste en tus lectores según veo en los comentarios, jajaja.

Estupendo relato, me encantó el cambio, y cómo lo contaste.
Y la enseñanza es insuperable: nunca te tragues una mala palabra, jajaja.

Besos!!

Kate P.B dijo...

Me fascino .... sobre todo cuando dice:

“El amor es ciego...”, sí, y sordo, y mudo, y gilipollas, sobre todo lo último.

Me has echo pasar un buen rato .. Por cierto odio al tal Antón ese...
besitos..

AmaRiE dijo...

Un relato fabuloso ^^

Pero sin duda Antón se merecía un pequeño atropello de coche!! o camión!! XD

Soycazadoradesombrasylibros dijo...

Me encanta el relato^^pero Anton no me gusto U.U es muy magico como escribes

DarkPrinccs dijo...

Hola!! Bueno vengo a invitarte a que pases por mi blog.. Acabo de subir el ultimo capitulo de la primera historia que comenze a publicar "New York, Amor y Misterio" y me gustaria que comentaras dejando tu opinion sobre el acpitulo..
Cuidate, que tengas una linda semana..
Au revoir..

Atte: The Eternal Dark Princcs

Por cierto, perdon si no pase antes, con todo esto de la mudanza, ya ni tiempo me queda u.u Pero aqui estoy para volver a leer tus magnificas historias =)
Cuidate corazon, muchos saluditos..

Au revoir

Citu dijo...

uy me mataste Karol con esta historia, es genial me encanto tu prota es fuerte apesar de todo .

KaRoL ScAnDiu dijo...

Estoy flipando con los comentarios:D Creí que al no ser una historia tipicamente romántica, no fuera a gustar tanto en estas fechas, pero me llevo una sorpresa del tamaño del mundo, a ver que os ha gustado tanto:D

Gracias por hacer de mi vida una alegría:D
Kisses...

Renzo dijo...

El amor el gilipollas, me gustó esa parte jejejejeje

Que desgraciado el Anton, engañar a Carolina hasta con su propia hermana, vaya payo hijo de puta.

Felicitaciones por la historia, con unos días de retraso mi niña porque ya vamos para finales de febrero, pero encaja bizarramente con el San Valentín ¡¡Feliz Jodido San Valentín!!

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