Importante:



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Importante:

Se ha retirado el aviso de «Para mayores de 18 años» debido a problemas al cargar el blog.
No obstante, la temática de éste sigue siendo la misma, por lo tanto, el aviso es válido.
Algunos de los escritos aquí publicados contienen escenas de carácter sexual y vocabulario
para adultos, por ello, si no tienes más de 18 de años y/o el contenido te parece ofensivo,
“No Siga”.

Todos los personajes son ficticios, así como, nombres y lugares.
Cualquier semejanza con hechos o personas reales es coincidencia.

Todo lo aquí publicado es fruto de la imaginación de la autora, siendo puramente fantasía,
y carente de cualquier aspecto ideológico.

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¡¡YA DISPONIBLE EN EBOOK, HAZTE CON EL TUYO!!

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Encontraréis los índices de las novelas y relatos en el sidebar derecho. ¡Qué lo disfrutéis!

31 enero 2011

¡¡PROYECTO DE ADICTOS A LA LECTURA: CAMBIO DE VISIÓN!!

 (En entradas anteriores, Nuevo capítulo de Herederos y 2º Concurso de Relatos, o pincha AQUI)

Hola querid@s...

Como ya pasan de las doce, así que ya estamos a 31, os traigo el proyecto de Adictos del mes de enero.
Consiste en escribir una historia desde el punto de vista de dos personajes distintos. En esta ocasión por primera vez, jeje, no he superado el límete de 2 hojas (Laura va a flipar, jaja).

En mi caso, he contado más que una acontecimiento, un trayecto, un momento en concreto vivido por ambos personajes de una manera que no podría ser indivísible.
Espero que os guste y que os emocione:D

A leer, soñar, disfrutar y comentar que os ha parecido...




A mis hijos, el mayor tesoro que poseo en esta vida...




    Hacía poco lo había descubierto. ¡Podía moverlos! Sí, si lo intentaba y concentraba todos sus sentidos en ello, era capaz de hacer que se moviesen.
    El pequeño observó en la húmeda oscuridad el apéndice que tenía en el extremo derecho de su cuerpo. Era extraño. Al principio, no era consciente siquiera de que existía, y de pronto, un caos de sensaciones le invadían poco a poco. Las horas de sueño iban disminuyendo, ahora todo le afectaba.
    Sus ojos apenas captaban los movimientos, pero estaba seguro, ahora sabía, que existía. Él existía. Era algo, alguien quizás, y no, no estaba solo.
    Con el paso de los días, aquel húmedo y cálido lugar se iba haciendo más y más angosto. Al principio era como si fluctuara, de un lado a otro, golpeando contra unas paredes acolchadas y suaves. Pero ahora, cada movimiento que hacía, involuntarios hasta entonces, se veían más reducidos, sometidos a la estrechez de su hogar. El único hogar que conocía.
    Sí, podía moverlos. Sus ojitos observaron como aquel apéndice que ahora parecía haberse dividido en unos cuantos más, se abrí y cerraba, y si se estiraba, si intentaba hacer lo mismo con las demás extremidades de su cuerpo, todo en él se movía también. ¡Genial!
    En su hogar todo era calma. El líquido que fluía a su alrededor atenuaba los sonidos, a la vez que, le llenaba de sabores y aromas, unos que él no sabía aun que se llamaban así. Pero reconocía a la perfección los que siempre habían estado allí; el compasado tum-tum. Uno que a veces iban más despacio, otras más acelerado, pero siempre, siempre, estaba presente. Aquello le tranquilizaba. Sentía como si no estuviera solo en su hogar, aun que sus ojitos no vieran a nadie más, lo sentía. Sentía que el sonido significa no estar solo.
    Luego, con el tiempo, se dio cuenta de que aquella especie de melodía que oía de cuando en cuando, también era parte de su mundo.
    No solía oírla todo el tiempo, pero había aprendido a guiarse por ella. De vez en cuando, aquella melodía era más estridente, había veces que incluso hacía pitar su oídos y el eco hacía vibrar las paredes a su alrededor. Pero le gustaba. Algunas veces, sin saber el por qué, estaba seguro que iba dirigido hacia él. Directamente hacía él. Lo sabía por el tono con el que sonaba, y porque sentía como levemente las paredes de su casa se oprimían contra su pequeño cuerpo. Así que, del mismo modo que sabía como moverse, ahora se mantenía quieto. Sintiendo. Oyendo. Dejando que la melodía que sabía era suya, solo suya, sonara con calma, y que su cuerpo sintiera como parecía acariciarle a través de los ladrillos de su casa.
     
    Todo era más angosto. Algo estaba ocurriendo. Apenas había podido moverse aquel día, no solo era él el que se quedaba sin espacio, todo parecía estrecharse a su alrededor.
    De pronto, empezó el caos.
    El compasado tum-tum dio paso a un enloquecido bum-bum. Todo se contraía, su cuerpo se veía apresado y luego liberado, aun que eso solo durara unos instante. Y otra vez, volvía a ocurrir.
    La melodía, su música, sonaba ahora distinta. Gritos, eran gritos, aun que él no supiera que así se llamaban, si reconocía el descontrol en las notas musicales de su melodía favorita.
    Otra vez. Todo se cerraba a su alrededor. El bum-bum como sonido de fondo, los melódicos gritos... era horrible.
    Le dolía. Ahora ya no quería moverse, ni tampoco estarse quieto. Solo quería que todo volviera a ser como antes. Quería oírlo y sentirlo todo como antes. Por primera vez desde que se había dado cuenta de si mismo, quería salir, no sabía siquiera si eso era posible, pero ya no le gustaba su casa. Aquel ya no era su hogar.


    Marta lo había deseado desde aquel día de lluvia mientras esperaba el autobús, y el amable joven del abrigo negro la salvó de ser salpicada por el coche que pasó a toda velocidad.
    Al mirar a los ojos de Antony, Marte lo supo. Era él. El amor de su vida. El padre de sus hijos.
    Y ya no solo ella lo deseaba, él también lo hacía, hasta que al fin... lo lograron.
    Al principio lo único que sentía era el mal estar general: su estomago, cabeza... todo su cuerpo parecía luchar y quejarse, como si el  nuevo inquilino de su vientre estuviera fuera de lugar.
    Pero allí estaba. Lo tenía en su cuerpo, una parte de ella, una parte de él.
    Hacía tanto que lo deseaba. Poder ver crecer su vientre, acariciarle, hablarle... amarle. Y por fin lo tenía.
    Día tras día todo en ella cambiaba. Cada vez le costaba más moverse. Ahora, recorrer una servilleta que se caía al suelo era toda una odisea. Pero eso no la molestaba. No. Todo estaba en su lugar, era como tenía que ser.
    Marte se pasaba horas hablándole. No sabía si podía oírla o no, pero no dejaba de hacerlo.
    Cada patada, cada movimiento de su pequeño, eran recibidos con una sonrisa y una lagrima por parte de Marta. Era perfecto.
    Iba notándolo cada vez más. Ahora, cada movimiento que hacía el pequeño guerrero que tenía en su vientre, se asemejaba a un torbellino. Así que Marta se sentaba, deslizaba los dedos por el vientre y le hablaba sin cesar. Diciéndole cosas que había echo, y sobre todo, lo que harían cuando él estuviese al fin entre sus brazos.
    Aquello parecía tranquilar al pequeño. Dejaba de luchar contra el bombo ahora ya estrecho, y, aun que ella sabía que eso no era así, parecía acomodarse y disfrutar de su voz y tacto.

    Aquel día Marta no se sentía bien. Algo había cambiado, notaba como su vientre pesaba más, parecía como si ya no soportara el peso que llevaba dentro.
    Las contracciones empezaron tan rápido como dolorosas. A los pocos minutos todo era caos y gritos. Marta intentaba concentrarse. “Respira, inspira”; pero nada funcionaba.
    El dolor era como un cóctel de drogas que la dejaba sin sentido y luego se desvanecía, volviendo a ocurrir tan rápido entre dosis y dosis, que apenas le daba tiempo a acostumbrarse al dolor que se había disipado.
    Y entonces, ocurrió.
    El dolor desapareció, y el silencio que lo siguió, se vio oculto tras el primer llanto de su pequeño guerrero.

    Luz. Había tanta luz. Ahora se sentía desamparado, ya no podía fluctuar como lo había echo siempre. Algo esponjoso y seco le rodeaba, sonidos inundaban sus oídos... ¿donde estaba su melodía? ¿donde estaba él?
    De pronto, algo ocurrió. Un sonido, uno fuerte y potente... ¿acaso lo habría echo él? Sí, lo había echo. Volvió a intentarlo.
    Y otra vez... lloró.
    Todo era desconcertante. Ahora utilizaba lo que hacía poco había aprendido, dejaba salir la música de su cuerpo, pero no por entrenar algo nuevo, no, lo hacía porque tenía miedo, mucho miedo, ¿donde está...? ¡Ahí! Ahí está... ¡su música favorita!
    Movió sus dedos, los que aun no sabía que se llamaban así, y apretó con fuerza el largo y suave dedo que tenía a su alcance, mientras por fin, y una vez más, descubría que aquel era sin lugar a dudas, su verdadero hogar.

    Marta rodeó con suavidad al pequeño. Era hermoso, delicado y muy llorón. Como le gustaba chillar. Sonrió y acarició su rostro, mientras le daba la bienvenida a su pequeño Lucas, y él, la miró a los ojos, agarrando con fuerza, su diminuta mano sobre el dedo tan grande de ella, y supo en aquel instante que él siempre había sabido que ella estaba y estaría allí... por él, para él.








**..**

16 Marcados...:

Plekito dijo...

Me ha encantado!!!
El amor... pero el de una madre es un amor incondicional!!!
Saludos amiga y que te encuentres bien!! Buen dia XD

Esther dijo...

¡Hola! El relato te ha quedado muy bien, aunque al principio me confundí y pensé que era otra cosa... pero a la mitad del primer párrafo lo entendí.
Todo en sí me ha hecho llorar, no sé muy bien por qué (quizá soy una llorona, jajaja). Por como lo explicas, debe ser hermoso tener un hijo :)
¡Saludos y cuídate!

Maga de Lioncourt dijo...

Hermoso y sorprendente, Karol, lo que no es nada nuevo viniendo de ti.

Me encantó y conmovió.

Besos gigantes, señora mamá :-)

Amaya F. dijo...

Totalmente de acuerdo. No hay nada como una madre y plasmas muy bien el milagro.

hada fitipaldi dijo...

Muy precioso Karol, que bonito momento tiene que ser, que emocionante saber que una personita es parte de ti de ese modo. Trasmite mucho amor tu relato, está imprimado de amor de mami. Besitosss

irene dijo...

Esa manera de meternos poquito a poco en el personaje y sin saber muy bien al principio donde nos estamos metiendo, para terminar con la historia de amor y devocion mas bella, jamas existira un amor tan entregado como el de una madre por su hijo mi vida
Lastima que a muichos eso se les olvide....

Un besazo cariño mio, te echo de menos, a ver si podemos coincidir ya de una vez, que estamos gravitando las dos en orbitas iguales con diferentes sentidos, jajaajajaj
te quiero mi Karol

Lighling dijo...

hola guapa!!! k pasada de relato, el amor de una madre es unico, debe ser una pasada tener hijos, un sentimiento fuerte y unico. k bonito relato me emociono y llegó al alma. escribes de una manera k me encanta, transmites ser una persona muy dulce y agradable!! te quedo genial!!

x cierto en mi blog he puesto los dos caps de redencion, la editorial solo me deja poner 4, cuando tengas un momentin tu opinion para mi seria importante-^^-

bueno, espero k tuvieras un buen fin de semana y k vaya todo de maravilla!! un beso fuerte!!

Citu dijo...

Muy bello Karol, como siempre

Greys dijo...

Hermoso! Describe muy bien como es el amor de una madre. Tan puro. Sin restricciones.

Te cuidas!
besos

Marcos DK dijo...

Precioso Karol. Muy bien escrito (vale, hay algunas erratas, que luego dicen que en los blogs todo es coba). Pude estar en el nacimiento de mi hijo mayor y de verdad que es lo más bonito y grande que se puede vivir. En el de la niña no llegué; tenía prisa la puñetera y me pilló haciendo los papeles del ingreso XDD

Por cierto que, como te comenté, no sé si podré participar en tu nuevo concurso, pero por si acaso ya me llevé el banner a mi blog. Queda un mes. Lo intentaré, pero no te enfades si no llego.

Yess dijo...

¡Precioso!

Sobre todo lo de la melodía, me conmovió... pero bueno, la verdad es todo conmovedor.

Lo que sería poder recordar eso. Sería diferente el mundo, sin duda.

yeralprincess dijo...

wao!!!! que lindo... me encanto... muy tierno y hermoso... el pensar como sera la vida de un bebe en el vientre de su madre.. nunca lo habia visto de esa manera..como un hogar ... muy conmovedor...

Aunque me falta mucho para ser mama.. creo que va a ser una experiencia unica... y cuando suceda te aseguro que me voy a acordar de tu relato ...

Laura S.B. dijo...

Que bonitoooo, y que emocionante, se lo tengo que pasar a una prima mía que está esperando mellizos jiji.

Y lo confirmo, flipé cuando me dijiste que no habías pasado el margen de páginas jajajaja.

Déborah F. Muñoz dijo...

genial, Karol, como siempre. La verdad es que ser madre tiene que ser toda una experiencia...

Nut dijo...

Muy bueno, de verdad. Lo has encajado en el ejercicio perfectamente, que dos mejores puntos de vista que los de un bebe y su madre.
Te felicito, ha quedado estupendo.

Iris dijo...

Que bonito Karol!

Yo no llegué a tiempo para participar en el proyecto de ese mes, pero sabes? pensé también en algo parecido, yo iba a escribir la marcha hacía el hospital de una mujer para dar a luz, y el punto de vista del marido.

Pero el tuyo si que es precioso, el punto de vista del bebé, nunca lo habría sabido describir también.

Bss

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