Hola querid@s...
Os traigo mi participación en el proyecto del mes de diciembre del blog Adictos a la Escritura.
Creo que todos conocéis el blog así como el foro, en donde participamos en varios proyectos. Os animo a que os paséis y os apuntéis, seguro que os gustara:D
Pues este mes, después de una votación y sorteo, el proyecto elegido fue "Retorciendo al Monstruo", y el monstruo ganador han sido los "Demonios".
Así que aquí os traigo el relato. Mi único inconveniente ha sido, una vez más, jajaja, la extensión máxima de dos paginas. Me quedo corta, siempre, así que me pasé un "poquiiito", puesto que mi relato han sido tres página, o sea, una más de lo máximo, y lo siento, pero no me vi capaz de recortarlo...
Espero que disfrutéis tanto como yo, que amé el escribir este relato.
Ha sido una experiencia maravillosa escribirlo y espero con ganas conocer vuestra opinión sobre él...
A leer, soñar, disfrutar y comentar que os ha parecido... alimentáis mi alma con vuestras palabras...
Proyecto Adictos: Retorciendo al Montruo - Demonios
Anariel
“Hace mucho que los roles de este sucio y despreciable juego han cambiado.
¡Necios humanos! Eso si me enfurece. Siguen adorándolos, en sus pedestales, oraciones y ruegos, cuando, en realidad, hace tanto les abandonaron.
Cuando la guerra empezó, se tomó una decisión: El fin de todo, de todos. Ellos acataron Sus ordenes, cómo no, y entonces fue cuando ocurrió.
Ellos les dieron por perdidos. Hombres, mujeres, niños... perros, ¡que más da! Todos se convirtieron en uno, una sola cosa, un solo aglomerado de carne y oraciones que ignorar. Los Ángeles, divinos, hermosos, inteligentes, Su verdadera imagen y semejanza, tomaron el poder. Ya no estaban dispuesto a adorar y servir a seres tan insignificantes. Hormigas bajos sus pies, cayendo una a una, hasta que nosotros nos pusimos de su lado.
Pasaron siglos, ahora somos sus protectores, sus verdaderos “ángeles de la guardia”. Demonios. Así nos llamaron, así nos laman, así, nos odian. Qué equivocados están.
Michael y su panda de engominados celestiales. Así los llamamos en Nuestro Reino. Lo único que les importa es purgar la tierra de toda clase de debilidad, y eso incluye a todos los humanos.
Me llamo Anariel, descendiente de Alados y Oscuros. Sigo siendo un demonio, no se me puede nombrar distinto, pero no se equivoquen, YO soy vuestro aliado. El único que os queda.”
Anariel observaba el alba que se abría sobre la oscura ciudad de Los Angeles. Desde el punto más alto, podía ver como los humanos se despertaban, ajenos a lo que ocurría delante de sus propios ojos.
Uno de los tantos inconvenientes, al menos así lo veía Anariel, de ser un Guardián, era el poder oír todas los pensamientos, más aun, cuando estos se hacían en silencio y se trataban de oraciones. Le enfurecía oírles rezar a Gabriel, Mathias o Michael, a este ultimo sobre todo. Ellos ya no les escuchaban, de echo, Anariel estaba seguro que nunca lo había echo en realidad.
Le costaba mucho concentrarse en no oír las típicas, “que este día sea bueno”, “guarda mi alma en tu reino”, blá, blá, blá... lo que le preocupaba, lo que tenía que oír, eran los verdaderos ruegos. Acudir a los condenados, los moribundos y maldecidos. Estos eran quienes realmente necesitaban su ayuda y conforto. Desde que “Don Ángel Celestial” y sus amiguitos lo abandonaron todo, Anariel y los suyos, eran quienes debían de encargarse de los humanos; velar por sus vidas si estas aun no había llegado a su fin, estar a su lado cuando el ultimo aliento exhalado expulsara con él el alma... eran algunas de sus misiones. Debían de cumplirlas.
Ya no había cielo o infierno. Ahora las almas eran conducidas al limbo, y una vez allí, revisaban lo que en vida habían echo, y se decidía qué hacer; dejarlas vagando inconsciente de su propia muerte, crean o no es el peor de los castigos, o entregarles un nuevo cuerpo que ocupar, y así, seguir con el ciclo que los Alados intentan destruir día tras día.
Anariel cerró los ojos por un instante. Aquel era un día especialmente “ruidoso”. Al aparecer cada ser vivo de Los Angeles se había despertado muy “religioso”. Necesitaba un instante de silencio, para así poder concentrarse y separar las voces que le llegaban de manera incesable.
Poco a poco el ruido de los coches, los pájaros, las bocinas, todo empezó a tranquilizarse, hasta que la escuchó. Al principio pensó ignorarlo, al fin y al cabo, empezaba como todas las demás, hasta que la frase siguiente, hizo que le pusiera toda su atención...
“Querido Dios... bueno, como sabrás, no suelo rezar ni nada de eso. No creo que realmente haya alguien ahí al otro lado... Joder, al otro lado... hasta parece que estoy hablando por teléfono...¡Joder! He dicho joder mientras rezo... ¡Alá, otra vez! —Anariel empezó a reírse. Hacia mucho que no se reía—. Vale, lo siento, no volveré a decir jod... tacos, no volveré a decir tacos. No suelo rezar, nunca lo he echo, así que no tengo ni idea de cómo funciona eso. Estoy de rodillas al lado de mi cama, y... ¡Eso es ridículo! Mira, no soy católica, protestante, ni voy a iglesia ninguna, pero si de verdad hay alguien escuchándome, necesito, realmente necesito ayuda —Aquella voz de pronto era la única que escuchaba. Había conseguido ocultar todas las demás, aun a sabiendas de qué, quizás, alguien realmente necesitado podría estar orando, pero no podía evitarlo—. Llevo meses intentando librarme de esta excursión. No quiero ir, yo... por favor... no puedo ir allí. No sé si lo sabrás pero él va a ir y... le tengo verdadero miedo. Nadie me creyó cuando... eso da igual, pero... ayudame a que no tenga que ir. No sé si tengo que prometer algo... me cortaré el pelo, o, subiré los escalones de mi edificio de rodillas... lo que sea. Solo ayudame a poder evitar esa maldita excursión... lo siento, he dicho maldita, ¿eso se puede decir? Joder, como si alguien me fuera a contestar... otra vez las palabrotas... ¡AHHH! —Anariel se rió a carcajadas. Aquello era sin dudas el mejor momento que vivía en siglos.”
La humana siguió rezando un rato más, intercalando improperios con juras y peticiones. Tenía la voz jovial, dulce y cálida, y por alguna razón, había conseguido que la especie de “radar” del cual estaban dotados los Guardianes, solo se fijara en ella. No habían sonidos o voces de fondo. Solo escuchaba a la joven que imploraba por no ir a una excursión.
“Él es uno de los profesores que va a estar allí, y si realmente existes, Dios, Jesús, ángel... demonio, lo que seas —Anariel sintió enfriarse su columna. Nadie, jamás, había mentado antes un demonio en sus ruegos y preces. Aquello le trastocó—. No me importa quien seas, pero... ayudame. ¡Amén! Supongo... eso se me da fatal...” ; finalizó la humana, y todos los ruidos del mundo volvieron a torturar la mente del demonio.
Anariel se puso de pie y desplegó sus alas. Necesitaba silencio. Levantó un vuelo invisible y solitario. Le encantaba poder volar. Esa era de las pocas cosas que realmente le gustaban de su nueva “vida”. Tener sus alas. Las habían recuperado en cuanto qué empezaron a proteger a los humanos. Aun que no habitasen el cielo, ni falta le hacía, y que sus alas fueran tan oscuras como la noche, un gran cielo de acero y mugre, adoraba poder volar. Se detuvo sobre otra alta azotea. Pasarían pronto de las nueve de la mañana, y por fin podrían elegir escuchar o no.
El día transcurría con relativa normalidad. Anariel y los suyos vagaban, cada cual en la localización sobre el globo terrestre a la que estaban destinados. Hasta que volvía a ser la hora indicada, bloqueaban sus sentidos, quedando solamente atentos a los verdaderos ruegos y moribundos.
Ya pasaban de las cuatro de la tarde cuando Anariel sintió aquella punzada en su estomago que tanto conocía. Sus tripas se sentían como si tuviera un maremoto dentro, y sabía que debía volver a estar atento, puesto que había un alma que necesitaba de su ayuda. Cerró los ojos y dejó que sus sentidos se entregasen a ello...
“Por favor... por favor... ayudame... por favor...”, Anariel reconoció la voz de la joven en seguida. Parecía desesperada, tan asustada como hacía mucho no notaba a nadie.
El Guardián se desprendió de su llamado. Aquello le estaba superando por momentos. Sabía que el que la oyera significaba que pronto su alma necesitaría un guía. No podía entender lo que estaba sintiendo, aun que si notaba el dolor en sus sienes, como si sus sesos estuviesen intentando salir de su cabeza.
Anariel inspiró profundamente y cerró los ojos. Acto seguido sus alas se desplegaron y le guiaran por el cielo como una flecha decidida a dar en el centro de su blanco. Él no necesitaba ver a donde iba, había recibido el llamado de un alma, ahora su cuerpo le guiaría hasta ella.
Cuando sus pies desnudos chocaron el suelo de tierra, abrió los ojos. Estaba en un bosque, y dentro de poco anochecería. Intentó oír nuevamente el llamado, pero no fue necesario, el grito de la joven hizo eco entre los arboles, y su cuerpo le guió por el sendero de ramas y arbustos.
A cada paso su cuerpo celestial se hacía más real, más humano. Su apariencia divina había desaparecido, quedando en su lugar un cuerpo de carne y hueso. Sangre en venas, tacto y olores. Podía notar ya las piedras que se clavaban en sus plantas a cada paso que daba. Las ramas que rozaban y se enredaban a su larga melena azabache, y sus ojos azules neón habían desaparecido, dejando en su lugar las verdosas retinas humanas.
Hacia mucho no utilizaba su cuerpo humano. En realidad no necesitaba hacerlo, y, aun a sabiendas de que aquel llamado solo era uno más, uno de los cientos de miles que respondía desde hacían siglos, no podía evitarlo. Algo en su interior parecía indicarle que era lo correcto, lo mismo que le había llamado la atención al escuchar los rezos de aquella joven aquella misma mañana.
De pronto Anariel sintió frío. Se detuvo un momento y miró su cuerpo. Una tela color clara y echa jirones que emulaba una especie de pantalón, era la única prenda que llevaba, cubriendo su sexo y piernas. Con el dorso desnudo y el pelo largo ahora pegado a su rostro y espaldas a causa del sudor, se dio cuenta del frío invernal que acaecía sobre la montaña.
Oyó el grito una vez más, y corrió guiada por sus instintos hasta encontrarse con una pequeña cabaña de madera en medio de un claro rodeado de espesos arboles. Escuchó el gimoteo de la joven. Se acercó despacio y con cautela, posicionándose bajo una pequeña ventana de cristal. Tuvo que pasar la mano y apartar así el polvo para poder visualizar el interior. Sus ojos se acostumbraron en seguida, y entonces... la vio...
Sentada en una esquina, echa un novillo como un pájaro asustado y herido, la muchacha lloraba y sollozaba. Dentro tan solo había un lampara de queroseno iluminando el cuerpo de la joven, el resto de la instancia se veía inmerso en la oscuridad de la noche que ya caía fuera. Fijó su vista una vez más en ella. Estaba casi desnuda, tan solo llevaba ropa interior. Supo que tenía diecisiete años, los Guardianes podían saberlo con tan solo ver a un humano. Su alma aun seguía en ella, seguía con vida, pero por poco tiempo. Podía notar que el fin estaba cerca, rondando la cabaña de madera. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Anariel y una sombra pasó sobre él, deslizándose por las paredes de madera. Allí estaba ella... la muerte.
Anariel cerró los ojos con fuerza. Ese era su trabajo. Debía volver a asumir su forma celestial, asumir su rango y esperar a que el alma de la joven abandonara su carne para entonces guiarla al otro lado. ¿Por que le era tan difícil hacerlo? ¿Qué tenía aquella muchacha?
Ya estaba decidido a hacerlo cuando una voz distinta irrumpió el silencio, y Anariel volvió a asomarse por la ventana.
—Te advertí que no lo hicieras —habló un hombre al que aun no veía—, te avisé que no intentaras joderme, ¡pequeña furcia! Pero no me hiciste caso, tenías que hablar con la directora... para mi suerte, la tengo comiendo de mi mano desde hace mucho, y conseguí convencerles de qué eran invenciones tuyas porque te había suspendido en Historia... ¿por que no dejaste las cosas como estaban? ¿no ves que eso es todo culpa tuya? —finalizó él, posicionándose entonces al lado de la muchacha, y permitiendo por fin que Anariel le viera bajo la luz; Era un hombre alto y fuerte de treinta y ocho años. El humano estaba a medio vestir, y llevaba en la mano algo que al al principio Anariel no identificó.
—Es tu culpa... solo tuya —repitió y levantó la mano en el aire. Anariel vio brillar la gruesa hebilla y reconoció que lo que llevaba en la mano aquel hombre era un cinturón.
La larga cinta de cuero surcó el aire rápidamente, haciendo que la hebilla de metal emitiera un sonoro tiriteo mientras se movía hacia delante con fuerza, hasta que impactó contra el cuerpo de la joven. Ella se tiró al suelo, gritando mientras intentaba arrastrarse, y una vez más, el hombre volvía a golpearla. El demonio no pudo contenerse, e ignorando siglos de existencia, irrumpió en la cabaña. Miró un segundo a los ojos desorbitados por el pánico y el desconcierto del hombre mientras le sostenía por el cuello y partió su columna con rapidez, ni una única palabra de consuelo siguió sus actos. Quería que el alma de aquel maldito vagara sola y abandonada como el animal que era. Hacía milenios que no quitaba una vida humana. Se giró hacia la joven que yacía casi sin vida en el suelo. La cogió en brazos con cuidado, como si fuera una pieza delicada de porcelana. Apartó un mechón del rubio pelo que le tapaba el rostro, y sintió como si algo se partiera en su interior. Un dolor atroz cruzó su costado derecho, luego su pecho, y cinco veces sintió como la misma punzada atravesaba su espalda. Se cayó sobre sus rodillas con la joven aun en brazos, no la soltó en momento alguno.
Anariel sintió la calidez que bañaba su piel, y como la sangre goteaba el suelo, marcando el camino que el recorría. Miró al cielo y supo entonces lo que había ocurrido; las nubes se habían concentrado sobre la montaña, y aunque fuera de noche, el color fuego de estas anunciaban algo que él tantas veces había condenado: Un Guardián acababa de perder sus alas.
Dejó la joven con cuidado sobre el suelo helado y se miró el costado. Tenía una profunda herida entre las costillas. Del mismo modo una larga marga recorría su amplio pecho, como un latigazo que le marcaba su carne. Alcanzó con los dedos su espalda y notó con las yemas tres de los cortes que había sentidos, los otros dos, no necesitaba sentirlos, sabía donde se localizaban, justo en sus omóplatos, en donde un día había tenido sus alas.
El demonio no sabía porque lo había echo. Desde hacía siglos su misión era proteger a los humanos, salvarlos y velar por ellos... ¿acaso no es lo que había echo? ¿salvar a aquella muchacha, no era ese su deber? Miró una vez más el rostro de la joven mientras cargaba una vez más con ella en brazos.
No sabía hacia donde se dirigía, pero estaba seguro de dos cosas:
La primera, era que sus hermanos jamás perdonarían su traición e irían tras él, y la segunda, era que aquella muchacha había cambiado su existencia en el mismo momento en que la oyó por primera vez, y la protegería con su vida se fuera necesario. Ya había perdido sus alas por ella, lo demás... que el limbo estuviese preparado para recibir a todas las almas de los que se atreviesen a tocarla.
**.**




15 Marcados...:
Yo sabía!!! Mamá Karol no le iba permitir no sentir amor a ningún demonio, jajaja.
Me encantó tu relato, Karol, como siempre :-D
Beso grande!!
Querida Karol, la entrada al "concurso de caty" a traves de comentario debes hacerla en el blog que patrocina el concurso, yo humildemente informo en el mio:D, aca te dejo el link al que debes dirigirte:
http://cosasdecaty.blogspot.com/2010/12/super-concurso-navideno-los-regalos-son.html
Besotes
Hola!! espero estes de maravilla, tu entrada fue muy buena,
espero publiques pronto
Saludos.
Y tanto que has retorcido al mónstruo, xd. Lo acabas de unir al club de los vampiros-iconos-torturados... por lo menos.
genial el relato!! la verdad esperaba que el final fuera algo asi. =D
Saludos y felices fiestas!
muy bueno, ¡ya sabía yo que a la chica no la iba a dejar morirse!
Un saludo!
cuando mis pequeñas bestias, me den tiempo, me lo leo :D
gracias por tan lindo comentario en mi entrada :) eres un amor!!
espero pasaras una noche hermosa con tu familia!! y que en año nuevo se rían a montón :D a que se acuesten en la tarde los nenes, para que aguanten jajaja:D
besote
Impresionante KArol, de verdad. Me ha gustado muchísimo, eres un genio literario. Besazos
uuu aquí hay temita eeee, y a verás cuando se despierte la chiquilla XD
Me gustó mucho el relato, como siempre genial.
Aunque ya pensarías que había perdido la dirección de tu blog aquí estoy, tarde, mal, pero estoy, jeje.
Perfecto Karol. Una historia muy buena que me ha gustado de principio a fin. Si es que cuando se tiene una buena idea en mente es difícil recortarla sin sentirse como si lo mutilaras, si lo sabré yo...
Muchísimas gracias a tod@s:D
Siempre me llena de emoción y alegría leer vuestros comentarios, saber que disfrutáis de mis letras y que, además, me pidáis continuación... ains, que me hacéis llorar:D
Gracias mis querid@s:D
kissess
Pues por supuesto que queremos una continuacion, pero cariño, es que ya no se como decirte que eres la mejor del mundo mundial, que tumente no tiene limites y que tus historias os dejan siempre colgando de un hilo, madre mia, cariño necesito saber como sigue esto, que es lo que va ha pasar, necesito ver que hara ahora el sin sus alas, que hara ella al despertarse, cuando le vea, y porque los persiguen, porque le cortan las alas, y .....
vamos que lo necesito, este tiene que ser el prologo, comienzo, sumary o como quieras llmarlo de un nuevo fic, porque te ha quedado perfecto y atrayente
Un beso mi vida, que te quiero con locura, y siento no haber podido pasar antes, esta noche ha sido muuuy larga, jajajaaj
nos vemos mi Karol, y si por casualidad no te veo, que pases una fliz noche y un maravilloso año nuevo
tuya siempre
Irene
Echaba de menos leer algo tuyo.
Un saludo Karol, y feliz navidad.
Me encanta! tienes que continuarla!! el pobre la rescató de ese maldito!!! no tienen derecho de quitarle sus alas!!! noooo que maldad!!!
me encanta, si síguela!!! que dirá ella cuando abra los ojos y vea a ese guapetón cargándola!!??? oooohhh!! :D yo quiero saber
besote bella!
Publicar un comentario en la entrada