Importante:



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Se ha retirado el aviso de «Para mayores de 18 años» debido a problemas al cargar el blog.
No obstante, la temática de éste sigue siendo la misma, por lo tanto, el aviso es válido.
Algunos de los escritos aquí publicados contienen escenas de carácter sexual y vocabulario
para adultos, por ello, si no tienes más de 18 de años y/o el contenido te parece ofensivo,
“No Siga”.

Todos los personajes son ficticios, así como, nombres y lugares.
Cualquier semejanza con hechos o personas reales es coincidencia.

Todo lo aquí publicado es fruto de la imaginación de la autora, siendo puramente fantasía,
y carente de cualquier aspecto ideológico.

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31 mayo 2010

¡¡ONE SHOT - "NACIDO SIN ALMA"!!

Hola mis querid@s, os traigo este OneShot muy especial. Como habia echo una escuesta anteriormente y las votaciones indicaron que SI querian la historia de la vida Eirík, he escrito este OneShot, desde el principio de la vida de él hasta que conoce, se enamora y se lleva con él a Camille lejos de Bryam.


Esta plagado de emociónes, terror, violencia, y mucho amor también.
Os confieso que he llorado al escribirlo... y al corregir la gramatica, y al leerlo... vamos, que lloré todas las veces que lo leí...;D
Espero que disfrutéis tanto como yo al escribirlo, y podáis sentir lo especial que ha sido para mi esta pequeña historia aparte del mundo de Deseo y Oscuridad, y a la vez parte insdispensable de la novela...


Que disfrutéis... Kisses....


One Shot . "Nacido sin Alma"



Hace mucho que soy lo que soy... cómo soy.
   Nadie nunca me ha importado, humanos o malditos, todos ellos son iguales: Inferiores a mi, y eso es todo lo que tengo que saber y creer.
   
    Nací hace mucho, del vientre de una pobre y marginada adolescente que contaba con tan solo catorce años. Mi madre dio a luz escondida en el pequeño armario de la alcoba en la que vivía en el prostíbulo. Allí, entre su sucia ropa, vine al mundo, sin que ella supiera siquiera quien era mi padre.
    Mi historia, mientras estuve "vivo", es lo que me hizo como soy, no el hecho de convertirme en un maldito. No, el convertirme tan sólo me dio la fuerzas y el poder; Mi alma y mi corazón hacía mucho que habían muerto, de hecho creo, que nunca los he tenido.
    Lo único que sabía de mi madre eran las historias que me contaba, como sus padres la habían vendido por un misero paquete de harina a los ocho años a la que era la Madame del prostíbulo, y como a la temprana edad de 10 años, la puso a "trabajar" en la casa.
    Cuando se quedó en estado lo ocultó lo mejor que pudo, y cuando nací, la señora le permito quedarse conmigo con la condición de que nunca saliera de allí, sólo cuando no hubiese nadie, cuando todos durmiesen.
  
    Los pocos recuerdos de mi infancia están llenos de gemidos, sudor y pestilencia a sexo y violencia, la que sufría mi madre día y noche en el sucio y viejo colchón que olía a vino rancio y estaba lleno de ladillas y piojos.
    Ella me escondía dentro del armario y atendía a sus "clientes". Hasta que cumplí los ocho años tenía que atarme y taparme la boca para que no llorara, pero con el tiempo ya no era necesario; me metía en el pequeño armario, cerraba lo ojos, me tapaba los oídos y rezaba a los Dioses con todas mis fuerzas.
    Eso era algo que mi madre me había inculcado con severidad: La Fe. Según ella todo era parte del plan divino, si fuera capaz de soportar todas sus penas, tendría un lugar en el cielo cuando dejara este mundo... eso era lo que ella creía, y con el tiempo entendí que era su única manera de soportar su mísera existencia.
    Casi todas las mañanas, justo antes del amanecer, me sacaba de la casa, y entonces se me permitía ser un niño de verdad. Jugábamos, cantábamos, en los pocos días que habían de verano nos bañábamos en el pequeño riachuelo que había cerca de la casa, y a pesar de lo helada que resultaba estar, nunca me quejaba. Era el único momento verdaderamente feliz de mi vida.
   

    Aquél era un día especial, tendría como mucho 13 años, y mi pequeña y delicada madre me había prometido que esta noche nos iríamos. Según ella, la dueña de la casa le dijo que por fin su deuda, la de haberla dado cobijo y comida, había sido saldada, tan sólo un ultimo cliente, y por fin seriamos libres, seriamos una familia.
    Me encerró en el armario, y como de costumbre, cerré los ojos con fuerza y me puse a canturriar una vieja canción que solía cantarme mi madre, que en realidad no era más que una música de cabaret, lo único que ella conocía.
    A los pocos minutos, aún sumergido en mi pequeño y coloreado mundo imaginario, los ruidos fuera me hicieron mirar por la grieta que había en la puerta, nunca antes lo había hecho, jamás, pero era diferente... no era lo de siempre.
    En cuanto mis infantiles ojos se depararon con aquella escena, sentí por primera vez lo que me acompañaría por el resto de mi eternidad. El odio, la ira... todo ello plagado de horror y bestialidad.
    El hombre estaba sobre mi madre, arremetiendo contra ella con violencia, destrozando su pequeño y demacrado cuerpo, a la vez que tenía su cuello rodeado con un cinturón y tiraba de la hebilla, gozando mientras ella se asfixiaba y se debatía como un pequeño pez al que sacan del agua.
    Intenté abrir la puerta, pero ella la cerraba por fuera, atando los viejos tiradores con un sucio trapo. Empecé a chillar y a empujar con todas mis fuerzas, pero el hombre no parecía percatarse de ello, seguía disfrutando mientras fornicaba con el cuerpo casi sin vida de mi frágil madre.
    Ella sí lo hizo, y aun sin aire en sus pulmones, con los labios ya tomados por un color azulado, giró el rostro en dirección a mi escondite y me dedicó su ultima lágrima, una fina y delicada gota de agua, que ni tan siquiera llegó a tocar el colchón. Vi como sus ojos se apagaron, y exhaló su ultimo aliento.
   
    Su muerto cuerpo seguía tendido sobre la cama con la mirada clavada en mi dirección, mientras el espécimen de ser humano seguía violándola.
    Si alguna vez alguien me preguntara la fuerza que podría tener un chiquillo desnutrido y maltrecho de trece años, sabría exactamente qué contestar; Tiré abajo la puerta de madera, hiriéndome las manos y brazos. Arremetí contra aquél animal apartándolo del cadáver de mi madre.
    En segundos él me tiró del pelo, y me levantó en el aire, arrojándome de vuelta al armario.
    Miré nuevamente a los vacíos ojos de mi madre, y estuve seguro que ella estaba allí, vigilándome, y merecía ser vengada.
    En el suelo, al lado de la cama, estaba el pantalón del hombre, me tiré sobre él, colándome entre sus gordas y sucias piernas en cuanto intentó detenerme, y cogí una navaja que llevaba en una vieja funda de cuero marrón.
    No lo pensé, sólo hice lo que los instintos más primitivos me ordenaban.
    Asesté tal cantidad de puñaladas contra su abdomen, que una vez su cuerpo yacía muerto sobre un enorme charco de sangre, seguía haciéndolo, dejando a la vista sus vísceras, destripándole como a un cerdo.
    Me arrastré por el suelo, y quedé sentado al lado de la cama, con la cabeza posada sobre el colchón, mirando al azulado rostro de mi madre, deseando que me devolviera la mirada, que al menos dijera por ultima vez que todo saldría bien.
   
    Pasó tiempo hasta que la señora de la casa se percató de que el "cliente" no salía, y envió a una de las prostitutas a la habitación.
    Lo único que oí fueron los gritos de horror de la mujer, y en seguida como las manos callosas y sucias de la Madame tiraban de mi y me arrastraba fuera.
    Empecé a gritar, vociferando como un animal para que no me apartasen de ella, pero la mujer hizo caso omiso.
    Me metió en una oxidada palangana llena de agua fría, y empezó a lavarme rápidamente. Vi como el agua se teñía de rojo en segundos, y el suelo la vieja ropa que llevaba ya no se distinguía entre la sangre y los trozos de carne del hombre.
    Sin decir palabra, la mujer me vistió con unos cuantos trapos, y me sacó de la casa, emprendiendo el camino a pié, en la oscuridad de la noche.
    Llegamos a la villa, y se dirigió hacia el mar.
    Habían muchos pescadores, ya preparando sus cosas para la faena del día que empezaría en un par de horas. Se acercó a uno de ellos, seguía agarrándome el brazo con fuerza, y le habló en tono bajo y rápido.
    Vi como le tendía una pequeña bolsa, que me imaginé tendría dinero, monedas que se utilizaban en aquel entonces en Islandia, y el hombre se negó a aceptarlas.
    La mujer le cogió de la mano, insistiendo una vez más, y el hombre por fin pareció aceptar lo que le entregaba.
    Se agachó entonces quedando a la altura de mi rostro. Hasta aquel momento era como si yo no estuviera allí, mi mente se había ocultado, huyendo de las atrocidades de aquella noche, y ella me sacudió con fuerza haciendo que la mirara.
    —Has sido un hombre hoy. Hiciste lo que era debido. Nunca te arrepientas de ello —sus ojos rojos de tanto llorar y su voz gruesa y dulce, causaron que desatara en un llanto desesperado, dejando a la luz por fin el pobre y desamparado niño que era—. Tienes que irte lejos, muy lejos. Si te quedas te ahorcaran por lo que has hecho. Este hombre te llevara.
    Se levantó y tiró de mi una vez más, acercándome al hombre al que había entregado la bolsa con el pago para que me llevara lejos de la Isla.

    Se marchó sin mirar hacia atrás, y el hombre me tiró del brazo, empujándome en dirección a una gran red de pesca.
    —No creas que el viaje te va a salir gratis, muchacho. Así que empieza a desenredar que salimos antes del alba —se alejó, sentando en el suelo a la luz de una hoguera a contar las monedas que le había dado la mujer.
    Los siguientes días pasaron como si estuviera en un sueño. Pasaban rápido, veía como el sol disputaba en el horizonte, justo en la línea en el que el mar se unía al cielo, y una vez más volvía a ocultarse.
    El viaje duró semanas, y me pasaba los días limpiando la proa y desentrañando las redes, mientras los hombres pescaban y se emborrachaban, no siempre en este orden.
    Una mañana uno de ellos se levantó sintiéndose enfermo, y ésta mi tarde muria a causa de la Disentería. En aquel entonces no sabíamos lo que era, pero sí, que uno se moría en cuestión de horas, una vez que expulsaba hasta la ultima gota de agua que hubiera en su cuerpo, vomitando y defecándose sobre si mismo.
    Le tiraron al mar, y en los días siguientes muchos más enfermaron, muriendo, el que menos en dos días, después de sufrir dolores inimaginables.
    Yo no enfermé, me hacía cada vez mas fuerte, más imparcial a la muerte y las atrocidades desde este mundo. Al poco tiempo era uno de los únicos con fuerzas para tirar los cadáveres envueltos en sus sucias sábanas por la borda, y el único que parecía no temer en absoluto lo que ocurría allí.
    Cuando llegamos al puerto, de los casi sesenta hombres, desembarcamos ocho, bueno, siete hombres y una imitación de muchacho.
    El hombre que había aceptado el pago por llevarme, fue uno de los primeros en sucumbir a la enfermedad, así que de entre los que habían llegado a puerto con vida, uno de ellos, el cocinero del barco, ironías de la vida siendo que todos murieron de Disentería pero él seguía vivo, me acompañó al centro del pueblo.
    Habíamos desembarcado en Reino Unido, y una vez estuvimos rodeados de pueblerinos, el hombre se acercó a mi, y me miró con aire desolado.
    —Lo siento, muchacho. No sé qué hiciste, porque te mandaron aquí, pero sí sé que sobreviviste más que muchos hombres que yo conozco, así que estoy seguro que podrás arreglártelas, porque yo no puedo hacerme cargo de ti.
    Del mismo modo en el que me había mantenido en silencio desde la noche en que mi madre había muerto, hacían ya tantas semanas, meses, me mantuve de pie, mirando como se alejaba el hombre, quedándome en segundos rodeado de personas a la que no conocía, a las que ni tan siquiera entendía lo que decían.
    Seguía en la misma posición, mirando al horizonte, en medio de aquella plaza a la que habían convertido en mercadillo, mientras el día se iba acabando, y cada uno de los que allí había se marchaban, quedándome al poco solo, en la oscuridad de la noche, un niño, a un océano de distancia de lo único que conocía por hogar, sin pasado, ni presente, y dudando de que llegaría a tener un futuro.

    Los años pasaron, y me dediqué a robar, haciéndome de hecho un ladrón de lo más experto. Me había unido a una pandilla de chicos, todos ellos huérfanos, y robábamos a los hombres que acudían a los prostíbulos mientras descuidaban sus pertenencias.
    Me llamaban "Voice", una burla porque no hablaba. Todos creían que era mudo, y no más lejos de ello, aunque no había vuelto a pronunciar palabra.
    Pero cuando estaba a solas, sentado bajo un árbol, mirando como las primeras luces del día empezaban a colarse entre las ramas, oía con claridad la voz de mi dulce madre, como me avisaba de que ya amanecía, y me contaba la misma historia de siempre, de como la luz del sol había sido un regalo de un Dios que se había enamorado de una humana, pero ella se negaba a él, así que creo los rayos del sol para conquistarla, pero siguió sin aceptarlo y se entregó a un humano. El Dios, disgustado por aquello, mató al humano a la espera de ella le quisiese, pero no fue así, ella se quitó la vida, y una vez en el paraíso, hizo un pacto con el Dios de la noche, y éste creó entonces el brillo de la luna, que cada noche alumbraría el cielo, ocultando a los rayos del Sol, para que así el Dios que le había arrebatado a su amado se recordara a cada atardecer, de que ellos estaban juntos en el paraíso, y ni la luz del mismísimo sol habría conseguido que ella dejara de amar a su mortal.
    Su voz en mi cabeza me contaba una y otra vez el mismo cuento, y me sorprendía a mi mismo hablando en voz alta con los ojos cerrados:
    ¿Y quién creo el sol y la luna, porque nos le dio luz antes?
    Mi madre se reía, y me cogía en brazos, de camino a la sucia y pequeña alcoba, hablando en tono suave:
    Eres demasiado listo, Eiríksur. Un día, serás alguien importante, estoy segura.
   
    Más años pasaron, y de los pequeños robos, me había dedicado a grandes atracos, matando sin piedad al que se pusiera delante.
    En la noche en que atracamos una gran casa en las afueras de Londres, estuve seguro entonces, de que no quedaba ya humanidad ninguna en mi, de hecho, supe en aquél preciso instante, que este sentimiento, "humanidad", era algo que había muerto cuando el brillo de los ojos de mi madre se apagaron.
    El atraco fue rápido, pero se complicó cuando uno de los hijos del señor se despertó.
    Íbamos en cinco hombres, y les matamos a todos y a cada uno de los habitantes de la casa.
    El padre, la madre, los dos hijos, y sus tres hijas, a las cuales violamos, una y otra vez, hasta caernos agotados, y asestarles la ultima puñalada en sus maltrechos cuerpos, permitiendo que por fin dejaran de sufrir.
    Cogí mi botín y me alejé de mis compañeros antes de que pudieran notar mi ausencia.
    Me colé en una casa, y mientras me lavaba las manos y la cara, vi como el agua del barreño se tenían en rojo, el mismo vivo y metálico rojo que un día la Madame había quitado de mi cuerpo, cuando tan sólo era un niño. En aquel momento estuve seguro de que ya era hora... era hora de volver a casa.

    Las cosas habían cambiado, el viaje de semanas ahora duraba menos, y del mismo modo en que abandoné mi tierra, volvía a ella: solo y asustado como un crío.
    Nada más llegar acudí al viejo prostíbulo, sabía con exactitud donde estaba, aunque nunca hubiera salido de él durante el día, el camino que recorrió conmigo la señora la noche en que me metió en el barco estaba claro en mi mente.
    Me detuve delante del viejo caserío, era mas pequeño de lo que acordaba, y me embargó la nostalgia.
    Estaba abandonado, sus viejas ventanas de madera colgando de uno que otro clavo, y la puerta tapada con grandes trozos de madera.
    No me fue difícil abrirla, y una vez dentro, me dirigí directamente al sitio donde había pasado todo mi niñez, si es que había tenido una.
    Le pequeña habitación seguía igual; con su viejo y mugriento colchón en el centro, y ningún otro mueble a la vista. Me acerqué al viejo armario, y como si temiera lo que habría dentro, abrí despacio las puertas.
    Por un segundo me pareció ver al débil niño acurrucado contra la pared, con las manos sobre los oídos, rezando en voz baja y llorando desconsolado.
    Tuve que cerrar lo ojos y volver a abrirlos para así estar seguro de que no estaba allí, yo ya no estaba allí, ya no era aquel niño, aquél pequeño muchacho había dejado de existir hacía ya muchos años.
    Me metí con dificultad y me senté contra la pared, mirando en dirección al colchón.
    Aún podía ver su angelical rostro acercándose al mío, besando mi frente y diciendo lo mismo como cada noche:
    Cerra los ojos... y sueña mi pequeño.
    Cerré los ojos, se lo debía, hacía ya tanto que me había marchado, y me había negado a pensar en ella, a pensar en lo que había pasado... dolía demasiado.
    ¡Eiríksur!, oí con claridad su voz, como si realmente siguiera allí.
    Mama..., contesté en voz alta, deseando con todas mis fuerzas abrir los ojos y ver su rostro.
    Me levanté y salí despacio de la pequeña habitación, cerrando la puerta con delicadeza detrás de mi.
    Adiós mama, pronuncié con dolor las duras palabras y me dirigí fuera de la casa.
    Estaba a punto de amanecer, así que fui hacia el patio trasero. El árbol seguía allí, el gran y viejo árbol, el que había sido mi único juguete.
    Me senté bajo él, y vi como el sol salía despacio.
    ...Y entonces el Dios creó los rayos del sol para así regalarlos a su amada humana, pero ella ya tenía dueño, su corazón ya no tenía lugar para nadie mas..., una vez más oí su voz suave y aterciopelada, y lloré sentado a los pies del gran árbol, lágrimas que no había derramado durante todos los años en los que había estado lejos de aquél lugar.

    Pasaron más años, y me dediqué a lo que mejor sabía hacer: Robar y matar.
    Las cosas me iban bien, aunque ya no era el "Voice", aquí estaba en casa, era mi hogar, así que hablaba, ordenaba y condenaba con mi garganta.
    Estaba seguro de que ya tenía mas de treinta años, aunque no sabía con exactitud cuando los cumplía, creo que ni madre en su humildad e ignorancia no fue capaz de saber la fecha y nunca lo habíamos celebrado.     Así que aquella noche decidí hacer una fiesta, para conmemorar con mis hombres los logros de la semana.
    Había creado un pequeño ejercito de marginados, la mayoría ladrones de poca monta, y unos cuantos algo más peligrosos.
    Nos emborrachamos hasta el alba, y salí a dar un paseo en cuanto sentí que el alcohol era lo único que parecía haber en mi cuerpo.
    El frío era insoportable, los inviernos en Islandia son horribles, y esta noche la tormenta de nieve asolaba con fuerza la Isla.
    Caminé unos cuantos metros, envuelto en gruesas capas de piel, y me detuve a los pies de un árbol, tragando el aire frío, y sintiendo como bajaba por mi garganta congelándome la saliva.
    Sentí entonces como algo se movió detrás de mi, pero no pude seguir sus pasos.
    —El que sea... no me gustan este tipo de cosas, ya deberíais de saberlo —hablé creyendo que se trataba de alguno de los hombres gastándome una broma.
    No hubo respuesta, y las nauseas me invadieron, haciendo que todo lo que había bebido me llegara hasta la garganta.
    Me apoyé contra el árbol, y simplemente sentí como si me desconectaran de la corriente. Todo se volvió negro, ya no había olores, ni colores.

    Cuando me desperté creí que me había desmayado de tanto beber, y que uno de los chicos me había llevado hasta la casa, pero no fue así.
    Miré a mi alrededor y no reconocía el habitáculo, parecía estar metido en una cueva.
    Hacía demasiado frío, y no me había percatado de ello hasta que intenté levantarme y sentí como mis pies no respondían. Miré hacia abajo, me saqué las botas, y pude ver como tenía casi todos los dedos congelados, de un color negro, y duros como el hierro.
    Las manos no las tenía del todo mal, pero noté al tocar mis orejas y nariz, que estaban también necrosados por la congelación.
    No sabía como demonios había llegado allí, y a duras penas intenté arrastrarme en dirección a la salida de la cueva, que supuse sería en la dirección a la que miraba, gracias a una tenue luz que se apreciaba a unos cuanto metros.
    Llegué a arrastrarme unos cuantos pasos, pero entonces algo me agarró de los tobillos, levantándome en aire, girándome, y tirando mi cuerpo contra la pared de piedra de la cueva.
    Caí al suelo, sintiendo como los huesos de mis piernas parecían haberse rotos, y la sangre me inundó la boca.
    —¿Quién anda ahí? —grité intentando fijar los ojos en la oscuridad.
    Vi una silueta que pareció moverse de manera tan rápida que no parecía real.
    —Eres fuerte... decidido. Te estuve siguiendo los últimos meses. No tienes piedad de nadie. Sin duda es una de las calidades que más admiro. Eres realmente asombroso, incluso para ser un simple humano —la voz sonó dulce y amigable. Se trataba de un hombre estaba seguro, pero no podía ver nada.
    —Cuando te ponga las manos en cima...
    —¿Qué vas a hacer? —me interrumpió con brusquedad—¿Matarme?
    Acto seguido se movió rápidamente, y sentí como me elevaba del suelo, quedando él detrás de mi.
    —No... no lo creo —dijo con su boca pegado a mi oído, y entonces me mordió haciendo que volviera a perder el conocimiento.

    Cuando me desperté el dolor era atroz. Cada centímetro de mi parecía estar roto, y las partes que antes parecían estar congelados, ahora dolían como nunca antes había padecido dolor igual.
    —¿Duele, verdad? —la voz habló desde la oscuridad—. La gente suele creer que la congelación no duele, pero si lo hace. En cuanto el cuerpo empieza a calentarse y la sangre intenta llegar a donde esta congelado, es como si mil agujas de hierro te circularan por la venas...
    No era capaz de decir palabra, sólo gritaba y rugía ante lo que estaba padeciendo.
    El hombre volvió a acercarse, quedando frente a mi. Era joven, muy joven , no tendría mas de veinte años. Llevaba el pelo muy largo, de un rubio cobrizo, y sus ojos aunque no apreciaba el color, tenían grandes y plateadas medias lunas en sus pupilas.
    —Puedo ayudarte... hacer que el dolor se detenga.
    —Mátame de una vez... hazlo ya...
    —No, no me refería a eso...
    —¿Quien eres?
    —Bueno... me llaman de mucho modos, pero si te refieres a mi nombre, hace mucho que no tengo ninguno.
    —¿Qué quieres de mi? —intentaba que salieran palabras entre los bufidos y traqueteos de mi mandíbulas.
    —Te necesito a mi lado. Busco a alguien fuerte, imparcial y destructivo, alguien que pueda y quiera disfrutar de una larga eternidad con el mundo a sus pies.
    —No... no te entiendo —no había tenido demasiado contacto social en mi vida, a no ser a los que robaba o mataba, y las historias de vampiros no habían sido ni de lejos parte de mis "cuentos para no dormir".
    —Te lo explicaré todo, te contaré todo lo que quieras y necesites saber, pero antes, tienes que aceptarlo, aceptar el don inigualable de la inmortalidad y el poder que te estoy ofreciendo.
    "Inmortalidad", eso fue lo único que necesité oír. Ser inmortal, destructivamente inmortal. Dentro de mi mundo, donde ya no había piedad o bondad alguna, éste era un don que nunca desperdiciaría.
    Solamente asentí con la cabeza y el hombre volvió a abalanzarse sobre mi, pero no me mordió, lo hizo en su propio brazo, pegando entonces mi boca a su muñeca sangrante.
    Me apartó y sacó una afilada daga.
    —Prepárate para el viaje de tu vida.
    La clavó en el centro de mi pecho, rápida y profundamente. Oí como mi corazón dejaba de latir, y como me llenaban los pulmones de sangre impidiendo que pudiera moverme, o tan siquiera seguir pensando. En aquél instante me moría. Ya estaba muerto.

    Me desperté aplastado por tierra y piedras, y excavé con todas mis fuerzas, como si mi instinto me guiara directamente a la salida de mi "ataúd".
    —Bienvenido, Hermano Eiriksur. Bienvenido a la eternidad.
    El hombre me tendió la mano, ayudándome a salir del agujero, se sentó en el suelo, y sin más preámbulos empezó a contarme lo que era, lo que yo era partir de aquel momento.
    Nunca me había sentido tan poderoso, imponente, realmente me sentía el dueño del mundo, de todo lo que había sobre él.
    Los años pasaron, y mi poder destructivo se dio a conocer rápidamente entre los demás clanes que habían en la Isla.
    "El mundo a mis pies", literalmente era lo que tenía.
    No había piedad o ningún vestigio de sentimiento meramente humano en mi.
    Con el paso del tiempo, el clan de mi creador pasó a ser mío, yo mismo le maté y me hice con el mando. Sus palabras mientras moría ante mis ojos aún las oigo con claridad:
    Sabía que eras tu. Eres el merecedor de todo lo que tienes. Eres el Rey Eiríksur... el único e indiscutible Rey.
    Y así me sentía, así, exactamente así me portaba.
   
    Todo seguía igual, las matanzas, la sangre, el poder... hasta el día en que encontré a un desterrado, un Maldito sin creador, sin clan al que seguir.
    Se llamaba Bryamjar, y no dudé un sólo segundo en hacerle mi brazo derecho.
    A su despiadada inmortalidad sólo le hacía sombra por la mía, y éramos aún más indestructible, si es que se podía serlo, hasta el día que en que me traicionó, nos traicionó a todos, interponiendo la "comida" sobre sus hermanos.   
    Se había apiadado de una humana, una niña, y la había dejado escapar, aun a sabiendas de la situación critica que nos arremetía en aquellos tiempos, donde los desastres naturales había acaecido sobre la isla y escaseaba de todo, principalmente humanos de los que alimentarse.
    Le ofrecí mi perdón, encontré a la humana, y le ofrecí que terminara lo que no había podido hacer, pero se negó a ello.
    Luchamos, pero él era fuerte y poderoso, yo lo sabía, por ello le tenía en tan alta estima y poder en mi clan, así que la lucha era a partes iguales, pero se dio a la fuga antes de que pudiéramos terminarlo.
    Dediqué años, siglos de mi vida a buscarlo, con la sed de la venganza latente y poderosa en mi cuerpo.
    Le encontré en alguna ocasiones, pero nunca llegamos a terminar lo empezado tanto tiempo atrás.
    Las cosas habían cambiado, la tecnología, las comunicaciones, todo un mundo conectado aunque la distancia fuera inimaginable.
   
    Cuando me enteré de que estaba en Boston, creí que sería el momento idóneo de ir en su encuentro, aunque en esta ocasión me movía algo más que el odio o el despecho por su traición del pasado, se trataban de "negocios". No había otro Maldito sobre la faz de la tierra en quien pudiera tener mas seguridad de su poder y fortaleza, y le necesitaba a mi lado.
    Había adquirido tanto cuanto podía desear: Dinero, propiedades, un ejercito a mi disposición, y todo un plan para poder tomar el control de un mundo que siempre he considerado como de nuestra raza por legitimidad.
    Los humanos sólo eran ganado, nada más que eso, y el ganado se les tiene encerrados, engordando para el día que toque matanza.

    Llegué a Boston acompañado por mis dos esposas y mis mas fieles secuaces.
    Mis esposas... todo un mundo aparte. Mi predilección por las humanas siempre fue palpable. El temor en sus ojos al verme, el aroma del pánico en su piel, todo ello era como una droga para mi.
    Pero allí iba a negocios, estaba decidido a dejar a un lado los "placeres" y dedicarme a intentar convencer a aquel Maldito de que se uniera una vez más a mi Familia.
    Salimos en su búsqueda, y le seguimos en dirección a un bar local donde habíamos visto que entraba, aquel fue el principio de mi fin, la decisión que me llevo a la locura, al deseo incontrolable y a sensaciones que ni tan siquiera en mi vida humana había tenido.

    Nos detuvimos en frente al local en búsqueda de verle, cuando mis ojos se posaron por primera vez en Ella, la humana más hermosa y singular que antes había tenido el placer de contemplar.
    Estaba de pie, mientras simular escuchar al grupo que tenía a su lado, aunque veía en su mirada cuan perdida se sentía.
    Llevaba un vestido negro, que permitía entrever la suave y clara piel de sus brazo y espalda. Su pelo negro se contorneaba despacio, dejando en el aire un tenue rastro de su color, y sus ojos parecían dos grandes zafiros en la oscuridad.
    Se giró, tan sólo nos separaba el gran escaparate acristalado de aquel bar, y haciendo uso del don único que mi inmortalidad me había concedido, me metí en su mente, viéndome a mi a través de sus brillantes ojos.
    La seducción de nuestra Maldición se puso en marcha, coordinados, mi grupo y yo, intentamos atraerla a nosotros, ellos sabían qué hacer, me seguían y obedecían mis órdenes, y yo ansiaba tener a aquella humana, deseaba poseerla.
    Como salido del mismo infierno, mi antes fiel súbdito, y desde hacía siglos más poderoso enemigo, apareció, provocando que perdiera la conexión con ella.
    Bryamjar se detuvo delante de nosotros, sabía que estábamos buscándole, así que hizo acto de presencia antes de que pudiéramos sorprenderle, o al menos eso fue lo que creí entonces, que sólo aparecía para aclarar las cosas, nada más.
    Volví a encontrarla aquella misma noche, pero una vez más mi "amigo", se interpuso, haciendo que me distrajera hacia otras cosas.

    Estaba desquiciado, perdiendo el poco juicio que me quedaba. No podía dejar de pensar en aquella humana, una insignificante humana, que había conseguido despertar en mi sentimientos que desconocía siquiera que podían existir.
    Tracé mi plan, como todo lo que hacía, fría y cuidadosamente tenía cada paso planeado, ella sería mía, solo mía y nadie me lo impediría.
    Me sentía confiado cuanto a mi misión, la que en primer lugar me había llevado hasta la fría ciudad de Boston, la de atraer a Bryamjar de vuelta a nuestro clan. Él parecía estar dispuesto, estaba siempre al rededor, sin que yo supiera que él me vigilaba a mi, y no pensaba en ningún momento en unirse a nosotros.
    Pasaron unos cuantos días, y creí que acabaría perdiendo la cabeza totalmente. Ya sabía su nombre: Camille, así se llamaba, y era la única palabra que salía de mi boca, y el único pensamiento que tenía.
    Mis hombres me miraban atemorizados, más de lo habitual, y no por mi poder o posición, era preocupación, desconfianza. Veían ante ellos un líder que flaqueaba, que perdía el control ante cualquier cosa, que había matado con sus propias manos una de sus esposas delante de sus ojos, por el simple hecho de decir que quería marcharse de aquella ciudad.
    ¿Cómo podría irme? No podía hacerlo, no sin ella, no sin llevar conmigo la única razón que había encontrado en siglos para seguir con vida, además de mis ansias de poder y crueldad, ¿cómo podría marcharme sin ella, sin mi Camille?
   
    El plan que había consistía en apresarla una vez que estuviera lejos de cualquier humano, no quería llamar la atención, eso no era llegar y matar a un simple humano, era conseguir tenerla, sin lastimarla, sin que nadie supiera qué había sido de ella.
    Envíe a mis lacayos al local que supe iba a estar con sus amigas, y uno de mis pretendientes, humanos que servían a mis ordenes a la espera de que se les convirtiera, estaba allí con la misión de hacer que saliera a la calle, y así los demás pudieran traerla ante mi.
    No fui personalmente, aquello seria especial, lo más importante de los logros que había conseguido, y tenía que prepararme para tenerla delante por primera vez, sentir su olor y el calor de su piel, y no quería que fuera en medio a una persecución o capturándola en la obscuridad. Tenía que ser especial, único.
    Los lacayos se quedaron fuera, a la espera de que el pretendiente la sacara del local, no sabía qué la había impulsado a querer salir de allí tan rápidamente, pero sí que era lo que necesitaba.
    El pretendiente la sacó a la calle y la convenció para acercarla en coche. Sabía qué pasos seguirían, yo mismo lo había planeado todo, así que podía saborear como mi plan seguía su curso, aunque no estuviera para presenciarlo.   

    Cuando solo uno de los lacayos volvió a nuestra guarida, me embargó el odio y la furia más potentes que antes había notado.
    Podía destrozar al que se pusiera delante. ¿Cómo podrían haber fallado? Dos vampiros y un humano lo sumamente cruel para ser un pretendiente, ¿y no habían podido apresar a una humana que no llegaba a tener la mitad de la masa corporal de cualquiera de ellos?
    El único motivo por el que me digné a escuchar al Maldito que había vuelto y no le había arrancado aún la cabeza, era para poder descubrir qué había pasado, como podrían haber echado a perder un plan tan simple y perfecto.
    Mientras el Maldito explicaba lo ocurrido aquella noche, el monstruo en mi pecho parecía desgarrarme la carne por dentro, intentando salir a toda costa... matar, necesitaba sangre y venganza.
    Cuando el lacayo por fin mencionó su nombre, el nombre del traidor por excelencia, el que antes ya me había traicionado, cuando dijo que él había sido quien se la había llevado, quien me la había arrebatado y impedido que fuera mía, no escuché ni una solo sílaba mas, le maté tan rápida y dolorosamente como me fue posible.
    ¡¡Bryamjar!!
    Era lo único que podía bramar una y otra vez, ante la ira que corría por mis venas.
    Quería su cabeza ante mi, arrancada de su cuerpo lentamente. Quería ver sus muertos ojos abiertos en una bandeja de planta ante mi, ante el horror del sufrimiento que haría padecer su carne por haberse atrevido a tocarla.

    Envíe a mi mejor soldado, mi teniente, una vampiresa que tenía un don singular, el de conocer los pensamientos de los vampiros a los que tocaba. Ella podía encontrarle, ademas creía ciegamente que podía fiarme de ella. Cuan equivocado estaba.
    Para mi suerte y su pesar, uno de sus esposos, un Maldito guerrero sediento de sangre y poder, la traicionó, contándome su plan, como harían que pensara que les había apresado, y que la humana sería mía, y podría tener mi venganza hacia Bryamjar, cuando en realidad preparaban una emboscada para matarme y hacerse con mi clan.
    Así que volví a crear un plan, un soberbio y minucioso plan.
   
    Cuando llegó el momento de encontrarlos donde supuestamente les tenía rendidos, un viejo y abandonado almacén en las afueras de Boston, matamos uno a uno de lo Malditos que se les habían unido, y que permanecían en las sombras a la espera del momento de atacarnos.
    Entramos en aquel lugar oscuro y sombrío, trayendo en manos las cabezas de los que nos habían desafiado.
    Bryamjar estaba arrodillado, herido y sujeto por dos de los míos, simulando estar rendido, y no pudo hacer nada más.
    Lo tenía todo dispuesto, listo para terminar lo que había empezado, cuando el aroma, el mas increíble y inexplicable aroma de la sangre de aquella humana, mi humana, me invadió lo sentidos, y por fin la tenía ante mi, cerca de mis manos, cerca de mi piel, separada de mi deseo por unos cuanto pasos sin importancia.
    La habían herido, lo suficiente para que creyera que se había rendido también, aunque sus heridas eran profundas, se notaba que la vampiresa no sólo se había esmerado en escenificar de todo aquello, realmente la había querido herir.
    Sangraba abundantemente y estaba a punto de congelarse ante el frío y la cantidad de sangre que había perdido.
    Me acerqué a ella, arrodillándome por primera vez en mis siglos de vida ante alguien.
    Consumido por el odio y los celos, me acerqué a la vampiresa, y ella supo en aquel preciso instante que nunca debió haber intentando traicionarme. La maté ante su mirada de suplica y decepción al saber que uno de sus amantes había sido quien la había delatado.
   
    El Maldito Bryamjar estaba aún sobre sus rodillas, pero ya no tenía escapatoria, por fin le tenía bajo mi poder, y pensaba hacerle pagar por aquello.
    Podía sentir el olor a su sexo en ella, como su piel todavía tenía el rastro frío del tacto de él, y el odio iba en aumento.
    Habíamos capturado a una de las humanas que sabía que era su amiga, era el precio que había pedido el Maldito para traicionar a su esposa, y la desesperación en su malherido cuerpo en cuanto vio a la débil humana medio muerta, me hizo apenarme, sentir pena, algo que no sabía que podía albergar mi maldita existencia.
    Mataría a Bryamjar, lo haría con tanto gusto como nunca antes había quitado una vida humana o inmortal, pero ella se interpuso, ofreciéndome algo a lo que no podría negarme, ofreciéndome su compañía, el venir conmigo, aceptaba estar a mi lado si le mantenía con vida.
    Era un precio alto, demasiado alto por muchas cosas incluido mi orgullo, pero estaba dispuesto a pagarlo, todo por poder tenerla a mi lado.
    Me hizo también la petición por la vida de su amiga humana, y esa no fue difícil aceptarla, que me importaba aquel cacho de carne al que no conocía siquiera. Acabaría muriendo tarde o temprano, por las heridas o con el paso del tiempo, y a mi soldado ya encontraría algo con que pagarle.
   
    Acepté hacerlo, dejar al Maldito traidor que siguiera vivo, pero no sin antes dejarle claro mi poder, no sin antes verle sufrir y obtener algo que él no tenía de ella.
    Podría haberse alimentado de su sangre, haber tocado y poseído su cuerpo, pero yo estaría en ella, en sus venas, recorriendo cada rincón de su ser, día tras día, unido a ella por un lazo que el nunca tendría.
    Me acerqué, postrándome ante su cálido cuerpo, oliendo la sangre más apetecible que había podido saborear, y sintiendo como su cuerpo poco a poco se quedaba sin vida gracias a las heridas que la habían infligido. Me corté la muñeca e hice que se tragara mi sangre, así ella se recuperaría, no pensaba convertirla, sobreviviría a aquello, y sería mía, sólo mía, unidos por el lazo más fuerte que podría haber entre un Maldito y un mortal, un lazo que sólo yo tendría con ella.
    Saboreé cada segundo de la angustia y del dolor del Maldito al ver lo que hacía, como a partir de aquel instante se la arrebataba.

    Le dejé claro que no sólo le dejaría vivo gracias a la petición de la humana, no, había más, mucho más. Le quería con vida para que repasara en su memoria una y otra vez como me la llevaba conmigo, como le daba mi sangre y la unía a mi, como le había vencido. Este era su castigo.
    Nos marchamos ante la promesa de que si intentara recuperarla no dudaría en matarla, antes la desearía muerta que lejos de mi, que en brazos de él.
    A partir de aquel momento sería un nuevo mundo, una nueva eternidad que vivir. Sabía que todo ya había cambiado desde el instante en que había visto el rostro de mi bella y hermosa Camille por primera vez.
    Sabía que él no dejaría de intentarlo, vendría a por ella, yo también lo haría, nunca dejaría de buscarla si la alejasen de mi, y deseaba que lo hiciera, para así poder matarle como se merecía.
   
    Por primera vez, no sólo en mi inmortalidad, sino, por primera vez desde el día en que nací del vientre de una sufrida y marginada muchacha, envuelto en sangre, vísceras y ropa sucia dentro del pequeño armario en aquel asqueroso prostíbulo en Islandia, por primera vez en toda mi vida, sabía qué significaba la palabra amor, la llevaba marcada a hierro candente y sal en mi cuerpo, y no permitiría que la apartasen de mi lado, nunca, jamás.
    Lo haría, intentaría con todas mis fuerzas que me quisiera, tenía el tiempo suficiente para hacerlo, y lo lograría... ella me amaría a mi también.  
    Todo lo ocurrido, desde el momento en que nací, morí, y volví a la la vida, hasta este día, todo era ahora parte de mi pasado, por que ahora, lo ocurrido aquella noche... sólo era el principio de nuestra historia.

19 Marcados...:

→ Camila ← dijo...

¡Hola!
Sin duda es maravilloso,
Escribes con tanta pasion
besos ...

Kary dijo...

Eso si que estuvo genial, la verdad es que tu siempre tocas mi fibra sensible y esto no fue la exepcion,Karol te quedo hermoso,¿dime amiga si lo vas a continuar?, eres grande escribiendo amiga bueno besitos cuidate

isabella macouzet dijo...

no soy muy amante del lemmon pero me encanto el os Karol, ya me veras por aqui mas seguido y espero que tu tambien te leas algo mio chica, eres super linda

besos

Mina dijo...

Ohh.!! pobre Einrik, se ve que sufrio mucho.. por eso siempre digo que no hay que juzgar a nadie antes de conocerlo pues nunca sabes que vida tubo.. que triste
Pero me encanto como ahora ama a Camille.. lo entiendo :D

Pame dijo...

¡Hola! Te quedo super el OS, es exelente =D.

Una preguntita que te tengo ¿Como haces para que tus enlazados suban y bajen, no se si me entiendes para que no se queden estaticos si no que se muevan?

¡Un Beso! Ya te sigo =)

KaRoL ScAnDiu dijo...

Muxas gracias a todas por vuestras palabras... es profundamente halagador cuando se le valora a uno su esfuerzo, y me alegro mucho de llegar a vosotras con mis palabras;D... gracias queridas;D

KaRoL ScAnDiu dijo...

Pame, cuanto a tu pregunta, te he enviado un mail explicandotelo... espero q ayude;D kisses

Citu dijo...

Me encanto, la historia promete sigue asi Karol te mando un beso cuidate

ZAYAS dijo...

Bueno Karol, me ha parecido...................FANTASTICO.
Sabes que soy nueva siguiendote, pero a partir de hoy quiero que tengas en cuenta que te leeré siempre que publiques. Aun me queda mucha tarea pendiente con tus relatos. Espero ponerme al dia con ellos. Gracias por invitarme.

Athenea dijo...

Bueno .... que puedo decir, que me dejaste sin palabras, que las disfruté una a una y que me pareció con una carga emocional con tanta fuerza que me arroyaste, hace tiempo que nos has hecho querer a Eirik, claro esta con el paso de los capítulos ya no es solo ese monstruo frio nacido para la muerte, yo por lo menos he aprendido apreciar su pasión y ternura que dia a dia le vas arrancando....ahora la pregunta del millón ¿cuanto te tendremos que presionar para una continuación del mundo de Eirik? jajajaja soy insaciable lo sé, pero es que estoy enganchada a la autora, bsos y enhorabuena pues el trabajo te quedó de 10.

KaRoL ScAnDiu dijo...

muchas gracias Zayas, es todo un honor viniendo de alguien que escribe maravillas como lo haces tu... y espero q sigas disfrutando al igual que yo del tuyo;D... kisses;D

KaRoL ScAnDiu dijo...

Mi queridisima Athenea... logras sonrojarme con tus palabras... y SIIIII, si todo sale como quiero habran mas One Shots, y no solo de Eirík, estoy segura que los personajes de la Novela, todos ellos, darin mucho de que "hablar"... XD... Disfruta querida;D kisses

Anónimo dijo...

Dos semanas sin internet y estaba al borde de la locura necesitaba esto jeje... El one shot esta genial, fue muy intenso, ahora me gusta mas eirik... Te superas con cada palabra que escribes felicidades. xoxo... NINA

KaRoL ScAnDiu dijo...

Ninaaaa... se te hechaba de menos, menos mal que yz estas de vuetla;D... muchas gracias querida, el saber que el One Shot ha tenido tan buena aceptación, me tienen emociada;D... kisses querida;D

romina dijo...

pues al parecer yo ando mal de la
cabeza... esque de verdad yo amo a
eirik pero aqui demostro en serio lo
malo que puede ser... pero me hiciste
llorar de verdad... pobre de su madre!!!
me dio tanta pena T.T bueno chika eso por ahora, besotes y nnos leemos pronto =)

Ariusk dijo...

Lei tu One Shot no pense en hacerlo porq no e seguido la historia de ¡sde el principio y al leerlo asi solamente senti que el personaje de Eirik no me gusto osea paso por todo lo de su madre fue horrible y las emciones que quisistes transmitir se sintieron nena de verdad me dio mucha tristeza y me encanto la historia que le contaba su madre sobre la luz del sol y eso jeje... pero es un prota muy friooooo y sanguinarioooo a mi me gusta malucones y algo perturbados jeje pero esto ya me paso y repito no es objetivo xq no e leido el la historia de seguro si la comienzo a leer me enamoro de el jeje pero lo q si te digo y de corazon es q escribes genial pones un sentimiento y una dedicacion en cada palabra que hace que uno realmente viva el momento de verdad te felicito x eso ya voy a ver si me pongo al dia!! Gracias por pasarte por el blog (http://hermosalectura.blogspot.com) e invitarme a leer saludos nena!! Nos estamos leyendo y nuevamente te felicito!!

KaRoL ScAnDiu dijo...

Muxas grax mi Romii... era lo que exactamente querria demostrar, que detraz del malo, no siempre solo hay maldad, todo tiene un principio:D me ecanta q les haya gustado tanto;X

KaRoL ScAnDiu dijo...

Grax Querida Ariusk... tus palabras me alegran y halagan infinitamente. Muxas grax de corazón por tu apoyo, y espero q sigas disfrutando;D... kisses

Soñadores dijo...

Sentimos pasar tan tarde pero no hemos tenido tiempo para pasar por el blog. esta genial, nos dio mucha tristeza la parte de la madre, pobre.

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